PROGRAMA launiversidadnecesaria
ENRIQUE LÓPEZ • ELECCIONES RECTOR 2004
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Enrique López
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Somos ULE
Bitácora

PROGRAMA
Índice completo
PRESENTACIÓN
Punto de partida
PRINCIPIOS Y VALORES
La Universidad que nos gusta
1 Descentralización
2 Plena integración en el espacio europeo
3 Defensa de la Universidad Pública de calidad
4 Fortalecer la autonomía universitaria
5 Calidad y evaluación permanente
6 Eficacia y rendimiento social
7 Equilibrio, equidad y racionalidad
8 Universidad saludable, sostenibilidad, igualdad y calidad de vida
9 Atención a las desigualdades de género y a las diferencias sociales y culturales
10 Diálogo permanente
11 Protagonismo científico, social, cultural y urbano
12 Innovación
13 Transparencia cristalina
14 Glocalismo

Presentación

AMIGAS Y AMIGOS:
La motivación principal que me ha conducido a presentar mi candidatura al cargo de Rector de nuestra Universidad es que, al igual que tantas y tantos de vosotros, siento como propia esta institución.

En la Universidad de León se ha desarrollado casi todo mi trabajo académico, todo mi esfuerzo profesional y, por ello, constituye un componente esencial de mi propia vida. He participado en su historia más reciente de formas diversas y me encuentro comprometido con esta Universidad a la que he tratado de servir de la mejor forma que he podido y he sabido a lo largo de más de veinte años con dedicación a tiempo completo. Para mí el compromiso con ella se sustenta en una decena de convicciones que quiero compartir con vosotros:

• Universidad es "universitas", reunión de todos en un esfuerzo común, porque la verdad del quehacer universitario es la comunidad ilusionada por el saber explicativo.

• Donde este lo bueno que se quite lo malo.

• Los profesores profesan e investigan. Son depositarios de unas tradiciones y de un saber que han de transmitir enriquecidos, a las generaciones venideras.

• Los estudiantes son el presente y el futuro de la universidad y de la sociedad misma. Su implicación en el aprendizaje y en la vida universitaria en su conjunto, así como en la defensa de sus derechos, son factores básicos en el progreso del saber y en el devenir social.

• La Universidad es administración pública y es servicio público, y son, por tanto, imprescindibles para su buen funcionamiento las personas que bien la administren o sirvan.

• La excelencia es esfuerzo y es base imprescindible del colectivo universitario.

• La libertad y el respeto a las ideas, a las formas de vida y a las costumbres, y a los derechos de los demás son pilares que sostienen el alma mater.

• De nada sirven los planes de estudio si no hay personas capaces para aplicarlos ni dinero al efecto para desarrollarlos.

• No hay viento favorable para el barco que no conoce su rumbo.

• El Rector "primus inter pares", más que fiscalizar, propicia la docencia, la investigación y la dignidad de las gentes a las que representa.

Me presento como un miembro de la comunidad universitaria que, desde mi incorporación como docente, siempre ha tratado de hacer bien su trabajo y sentir satisfacción por el trabajo bien hecho y por el reconocimiento que de los alumnos he podido recibir.

Si soy merecedor de vuestro apoyo, si obtengo vuestro voto, sabed dos cosas. Por mis venas corre universidad, es la primera cosa que quiero trasmitiros, lo que exactamente quiere decir que rechazo frontalmente cualquier programa de reconversión que suponga laminar la diversidad, empobrecer presupuestariamente la ULE y cancelar su futuro o expansión. Lo segundo que quiero trasmitiros es que el informe estratégico que nos proporciona la Consejería de Educación está elaborado en una clave equivocada. La universidad no necesita reconversión, necesita, bien se sabe, más autonomía, menos intervencionismo cicatero y un compromiso financiero por parte de los poderes públicos, a la altura de las necesidades de la economía y sociedad del conocimiento.

La Universidad se autorregula, ¿lo hemos olvidado?. Y lo que aquí se debate es el intento nada disimulado de prorrogar la indigencia presupuestaria que algunos proponen y, en el otro lado, los que apostamos por el futuro. No hay demagogia. Las cifras (www.elopez.org) hablan por nosotros. La Universidad se debe al compromiso que en su día la sociedad leonesa selló con su Universidad y estaremos atentos para dar cumplida respuesta.

Nada puede oscurecer el buen crédito y prestigio de nuestros estudiantes en los campus universitarios europeos y americanos en un lado de la balanza y en el otro, como parte del mismo paquete, excelentes profesores con sueldos y unos presupuestos universitarios paupérrimos. Es deber de todos poner freno al empobrecimiento presupuestario de nuestras universidades al socaire de las más variadas excusas, con intolerable injusticia. España y la sociedad leonesa deben saber la verdad. A nuestra renta per cápita le corresponde otro compromiso financiero con su universidad.

Os digo que me anima el afán de servicio al que quiero unir mi capacidad de gestión. Aún sabiendo de los ecos retóricos que tal afirmación evoca, es así de sencillo. El presente programa, un reguero de acciones e intervenciones, se propone dejar testimonio, negro sobre blanco, de que la Universidad me importa, me importa la ULE, y quiero que sirva como hilo de Ariadna del compromiso que os ofrezco. Las buenas intenciones son aún mejores, y mi experiencia como profesor abunda en ello, si conseguimos incardinarlas en un esfuerzo argumental serio y sostenido. No me gustan los improvisadores y en estas artes, las de la universidad, me gustan menos los espontáneos.

Recibid el respeto y el testimonio de mi más distinguida consideración.



Principios y valores
La universidad que nos gusta

“Un barco parece ser un objeto cuyo fin es navegar,
pero, su fin no es navegar, sino llegar a un puerto”.

Fernando Pessoa (Libro del desasosiego)

EL GOBIERNO de la Universidad no puede reducirse a la suma de decisiones que discrecionalmente puedan adoptar el Rector o su equipo. Queremos gobernar la Universidad de León en permanente sintonía con lo que sienten y desean quienes la conforman. Queremos evitar el personalismo y la concentración de poder y para eso queremos ampliar al máximo la participación de todos los colectivos universitarios en la gestión y el gobierno de la Universidad. Deseamos una participación amplia, efectiva y permanentemente crítica, capaz de ejercer control y de modificar si fuera necesario el rumbo de la Universidad. Pero, al mismo tiempo, tampoco queremos realizar cualquier tipo de gobierno. Nuestro propósito no es el empeño inútil de tratar de satisfacer los intereses particulares de cada uno, sino los generales de toda la comunidad universitaria.

En este marco cobra más vigencia que nunca la propuesta de emprender una renovación inteligente y comprometida de nuestra Universidad. Ha de tratarse de una renovación profunda, capaz de situarnos en la posición de liderazgo científico, social y cultural que, por su historia y su presente, le corresponde a la ULE. Pero, a la vez, ha de ser tranquila, pues no puede tener mejor fundamento que el buen hacer cotidiano de todos los que con nuestro modesto esfuerzo hacemos universidad día a día. Debe mirar al futuro, sin por ello relegar el enorme caudal de saber acumulado que se deriva de nuestro prolongado pasado y de la tesitura presente. Ha de buscar, en fin, la innovación en sus fines fundamentales, pero sin olvidarse de las señas de identidad propias que nos singularizan y nos enriquecen.

La mejor vía para realizar el tipo de renovación que se enuncia es contar con las personas que han de llevarla a cabo: profesores, estudiantes, y personal de administración y servicios. Ellas son los agentes por excelencia del mundo universitario y también deben ser los protagonistas principales de su dirección. Sin su participación activa apenas es concebible no sólo una universidad democrática, sino siquiera una universidad eficaz. En consecuencia, el programa que se presenta no sólo se limita a proclamar la importancia de la participación sino que, además, debe a este principio su propia redacción.

Efectivamente, no sólo se ha hablado con los miembros de esta comunidad sino que buena parte de las propuestas y perspectivas que se recogen en estas páginas son fruto del debate y el intercambio con los actores implicados en los aspectos que en ellas se examinan. Hay que tener en cuenta, además, que esta candidatura se imbrica en un proceso de trabajo y de discusión colectivos, en el que han ido madurando ideas, acciones y medidas en las que podemos apoyar esta realidad de futuro. Lo que se ha perseguido ahora es ampliar aún más la participación de la comunidad universitaria, no sólo por la posibilidad coyuntural en juego de una elección universal -ponderada- del Rector, sino también porque consideramos que debe ser un aspecto central del funcionamiento universitario democrático y de la prosecución de la calidad.

La LOU ha producido un cambio sustancial en la composición de los órganos de gobierno de las universidades, con el peligro de un modelo de rectorado presidencialista y la posibilidad de que muchas de las decisiones importantes puedan ser tomadas al margen de las instancias más directamente afectadas. De ahí la necesidad, ahora más que nunca, de un auténtico talante democrático, de tolerancia y de diálogo en el nuevo rectorado, que se apoye en los órganos colegiados pertinentes, y que tenga por objetivo acercar la toma de decisiones a los usuarios y a los afectados.

Para ello nos proponemos gobernar con respeto permanente a los siguientes principios de cuya letra vamos a tratar de no apartarnos ni por un solo momento.

1. Descentralización

Nuestra Universidad es una institución compleja, pero no ingobernable. Mientras que la centralización de la gestión universitaria se ocupa de producir complejidad, no resultados, la descentralización de la gestión, la cercanía de los servicios a los usuarios, y la toma de decisiones allí donde el conocimiento de los pormenores y las opciones es inmediato y directo, son garantías de mayor eficacia y responsabilidad.
Las Facultades, Escuelas y Departamentos universitarios están tendiendo a constituirse en unidades cruciales de gestión, organización, divulgación, y en definitiva de desarrollo autónomo de la docencia y la investigación. Cada Centro o Departamento universitario es una organización con fronteras flotantes, con objetivos que deben ser redefinidos y relaciones de cooperación diversas y cambiantes. Tal estado de cosas no puede ser ya reductible a la forma burocrática general que atenaza y constriñe la actividad. Se impone entonces un nuevo modelo de relación que basado en el incremento, la calidad y la cercanía de los servicios, logre superar las dificultades estructurales propias de un modelo organizativo excesivamente rígido. La descentralización de la gestión universitaria, la autonomía de gestión, debe por tanto constituirse en la primera expresión de la adaptación de la Universidad a una concepción responsable y eficiente de la organización.

2. Plena integración en el espacio europeo

De entre los distintos marcos normativos en que se va a situar nuestro trabajo resulta especialmente prometedor el que viene siendo impulsado desde la Comisión Europea. Si hay algo que nos pueda dotar de medios, ideas y contextos favorables para el relanzamiento de la Universidad es el empeño que la Comisión Europea ha puesto en que las universidades se conviertan en punta de lanza de la sociedad del conocimiento y la información. Desde el Consejo Europeo de Lisboa de marzo de 2000, éste se ha convertido en uno de los principales objetivos de la Unión Europea, ratificado en los Consejos de Estocolmo (2001) y Barcelona (2002).
Los objetivos que el Informe de la Comisión de Febrero de 2003 señala son, a grandes líneas, asumibles desde nuestros propios principios. Dichos objetivos son los siguientes: conseguir los recursos financieros, materiales y humanos necesarios para construir un Espacio Universitario de Investigación; impulsar la convergencia de los sistemas de enseñanza superior y de los sistemas de formación profesional; reforzar la excelencia de las universidades mediante la creación de redes, que ayuden al trabajo interdisciplinar, a la eficacia de gestión y a la flexibilización de la formación ofertada, y, finalmente, lograr una mayor apertura de las universidades hacia el exterior, esto es, tanto a la internacionalización cuanto a los ámbitos locales y regionales en que se insertan. Entendemos que todo ello ofrece un marco de trabajo relevante en el que la ULE ha de integrarse de forma plena.

3. Defensa de la universidad pública de calidad

La enseñanza pública, y dentro de ella la universitaria, ha constituido uno de los motores cruciales del avance de la sociedad española, así como un pilar decisivo de su Estado Social, conforme a lo desarrollado en nuestro entorno europeo. De una parte, ha transformado de forma rotunda el perfil educativo de nuestro país, posibilitando un espectacular incremento de su capital humano. De otra, ha constituido uno de los principales mecanismos de disminución de desigualdades sociales.
Además, la universidad pública sigue siendo el principal ámbito de desarrollo de la investigación científica y de la formación de investigadores, cuyo papel en las complejas sociedades avanzadas adquiere una relevancia de primera magnitud. Por ello, hacer universidad, con la satisfacción de trabajar en una institución estratégica, no sólo en nuestro presente o pasado inmediato, sino también de cara al mejor futuro pensable, y hacerlo desde su dimensión de servicio público esencial, constituye un principio central de este programa.
Defender la universidad pública requiere dotarla de los medios humanos, materiales y económicos requeridos para revalidar su prestigio no sólo en el contexto local o nacional sino también en el internacional. Es, asimismo, necesario que su compromiso con la equidad se traduzca, entre otros aspectos, en un fomento de las becas y ayudas, así como en una política social de tasas para los estudios universitarios e incremento de la financiación pública.

4. Fortalecer la autonomía universitaria

La autonomía universitaria es una característica irrenunciable de la universidad, que le permite desempeñar sus funciones al margen de intervencionismos gubernamentales o políticos. Esta autonomía, ejercida de manera responsable en el marco regulador existente, debe ser reforzada en una triple dirección:
1. Financiera. La universidad debe disponer de recursos suficientes para realizar su labor. No se puede tener una universidad de calidad con una dotación de recursos inapropiada. La financiación que se recibe de la administración es “insuficiente”. El aumento de las aportaciones públicas, sin embargo, no debe suponer una renuncia en la búsqueda de fuentes alternativas de financiación.
2. De gestión. La universidad tiene también autonomía para asignar los recursos financieros a los objetivos que considere prioritarios. Los fondos públicos deben estar, por tanto, exclusivamente condicionados al logro eficiente de estos objetivos.
3. Académica. La universidad tiene la potestad para fijar el contenido de los programas y los cursos, de acuerdo con la normativa existente, así como para otorgar títulos académicos. Igualmente, la universidad debe tener libertad para definir objetivos y programas de investigación, para seleccionar al profesorado y para incorporar y evaluar a sus estudiantes.

La autonomía universitaria no es una retórica admitida, en parte, por su reiteración, es la condición previa para la creación del conocimiento. La autonomía, a nuestro entender, para evitar malinterpretaciones, no significa ni renuncia al control de nuestra eficacia, ni a la responsabilidad social en el desarrollo de nuestra actividad ni, mucho menos, a la colaboración institucional, pero esta debe asentarse sobre el respeto a este principio.

5. Calidad y evaluación permanente

La calidad del servicio público que presta la universidad será la primera preocupación del gobierno universitario.

Esta preocupación constante atenderá a la enseñanza que reciben los estudiantes, seña básica del prestigio de nuestra institución, a la actividad investigadora que se lleva a cabo en su seno y a la gestión y funcionamiento de todos y cada uno de los servicios universitarios.

Para lograr la máxima calidad en el servicio público universitario procuraremos, en primer lugar, dotar de los medios necesarios al personal docente e investigador y al de administración y servicios, y proporcionar a los estudiantes las mejores condiciones de estudio. En segundo lugar, realizaremos una evaluación permanente de la actividad docente, investigadora y de gestión o administración. Por último, se aplicarán los programas de mejora que sean necesarios para aumentar su calidad.

6. Eficacia y rendimiento social

El carácter de servicio público de nuestra institución nos obliga a utilizar los recursos disponibles con el mayor rigor y tratando de lograr siempre el máximo rendimiento social. En consecuencia, someteremos continuamente toda la actividad universitaria a una estricta exigencia de buena gestión y de austeridad.

Esto se traducirá especialmente en una política presupuestaria transparente, participativa y eficiente, con voluntad de atender las diferentes necesidades sin crear agravios y basada en la corresponsabilidad. Esto último llevará a la formalización de contratos de calidad con los centros y departamentos para proporcionar incentivos más eficaces y para lograr impulsos más potentes a la actividad docente e investigadora de calidad.

7. Equilibrio, equidad y racionalidad

La Universidad es una institución en crecimiento y evolución constantes pero que necesita un gran equilibrio y mucha ponderación. Por ello, prestaremos una permanente atención a los desajustes de medios y de personal, al objeto de corregir con equidad los que ahora se vienen manifestando y evitar que se sigan dando en el futuro.

En concreto, la Universidad necesita ser gobernada con sentido estratégico y con una programación rigurosa de las decisiones que permita anticiparse a las necesidades futuras, huyendo del coyunturalismo y de la improvisación que tanto daño hacen a los servicios públicos que, como la Universidad, requieren grandes volúmenes de recursos económicos.

8. Universidad saludable: sostenibilidad, igualdad y calidad de vida

La salud de todos los universitarios y de nuestras familias, estará en el centro de nuestro quehacer. Nos proponemos desarrollar un amplio programa que implique un esfuerzo organizado de toda la comunidad universitaria para proteger, fomentar y promocionar la salud de todos sus miembros.

La Universidad es un espacio físico de trabajo, encuentro y convivencia donde muchas personas habitan durante muchas horas al día. Es también una gran organización que moviliza importantes recursos energéticos.

Debemos concebir y mantener nuestras infraestructuras e instalaciones como ámbitos en los que se pueda convivir en condiciones seguras, saludables y agradables.

La calidad de vida, la seguridad laboral y el equilibrio medioambiental son objetivos que estarán siempre presentes a la hora de aplicar las demás medidas de gobierno en nuestra comunidad universitaria.

El gobierno de nuestra universidad evitará cualquier tipo de discriminación y, sobre todo, garantizará de forma transversal que en sus actuaciones se fomente siempre y se asegure la igualdad de género y la más fácil conciliación entre la vida familiar y la actividad laboral.

9. Atención a las desigualdades de género
y a las diferencias sociales y culturales

La Universidad pública es un factor esencial de cohesión social en una sociedad del conocimiento al favorecer el acceso a una educación superior de calidad, cada vez más importante en el mundo social y laboral actual. Ahora bien, todavía son muchas las desigualdades que, de hecho, persisten, limitando el acceso de nuestras trabajadoras a los puestos de mayor categoría y responsabilidad; interfiriendo en el reclutamiento de buenos estudiantes potenciales, así como en sus posibilidades de éxito académico o de inserción laboral; o, en fin, entorpeciendo el acercamiento a los programas de extensión universitaria de los grupos más alejados de nuestra institución por su origen social o cultural.

De entre ellas, las que merecen especial consideración, por haber sido demasiado frecuentemente consideradas superadas, son las desigualdades de género. Estas deben tratarse desde una perspectiva transversal, que tenga en cuenta la necesidad de definir acciones que las contrarresten en los muy distintos ámbitos en que están presentes; que se comprometa a contribuir a la conciliación de la vida laboral, familiar y personal de las trabajadoras y trabajadores, y que se oriente a fomentar la sensibilidad ante la perspectiva de género, tanto en el enfoque de las enseñanzas donde resulte pertinente como en las directrices de la gestión universitaria.

De otro lado, la universidad tiene que adaptarse a los retos de una multiculturalidad creciente, producto de la inserción en el espacio europeo, del aumento de sus relaciones transnacionales o de la incorporación de sectores de la población inmigrante de nuestro país. Ello debe traducirse en un fomento de la compatibilización de los rasgos propios con los vinculados a identidades culturalmente diferentes, que debe desarrollarse tanto en lo que respecta a las mentalidades y las actitudes, como mediante programas específicos destinados a facilitar el intercambio intercultural, el conocimiento y el respeto por otras culturas, y la atención a las necesidades educativas singulares de estos colectivos.

10. Diálogo permanente

Como ocurre en cualquier otra institución, o en todas las dimensiones de la vida, el conflicto es inherente a la actividad universitaria. El gobierno universitario no debe tratar de ocultarlo, sino de afrontarlo haciendo del diálogo permanente un instrumento de síntesis y de la concordia una actitud siempre presente.

El proyecto de gobierno que proponemos hará del diálogo una práctica continua con los grupos, los individuos o los colectivos universitarios de cualquier tipo.

En particular, propiciará el diálogo y la negociación con las organizaciones sindicales, con la intención de lograr el máximo grado de acuerdo en las decisiones que tengan que ver con las condiciones de vida y trabajo imperantes en la comunidad universitaria.

11. Protagonismo científico, social, cultural y urbano

El desarrollo de la sociedad del conocimiento depende de la producción de nuevos conocimientos; de su transmisión a través de la educación y la formación; de su divulgación a través de las tecnologías de la información y la comunicación; y de su aplicación en nuevos productos y procesos industriales, de servicios y culturales. Las universidades son instituciones privilegiadas para favorecer ese desarrollo, ya que participan en todas las fases a través de la función que desempeñan en los dos siguientes ámbitos: en la investigación y la explotación de sus resultados, gracias a la cooperación industrial y el aprovechamiento de las ventajas tecnológicas; y en la educación y la formación de sus estudiantes, contribuyendo a generar el capital humano y social necesario para asimilar los nuevos conocimientos.

La Universidad, con uno de los mejores capitales humanos y culturales de esta sociedad, tiene que alcanzar el protagonismo que ello conlleva. Tiene que estar presente en la mayoría de los principales temas de investigación y debate de la ciencia, la tecnología, la cultura y el desarrollo económico, social y urbano.

Debemos convencer a la sociedad y a sus instituciones que desarrollar el conocimiento exige invertir en la Universidad. Esta idea, por el momento, apenas sobrepasa la mera declaración de intenciones. Los responsables políticos y económicos del país deben dar el salto definitivo, deben convertir en hechos lo que declaran en sus intervenciones públicas. Deben confiar y apostar por la Universidad, comprometiendo fondos y comprometiendo a la institución en el diseño de las estrategias de modernización del país, pues la Universidad necesita más recursos humanos altamente cualificados y también necesita un sistema de generación de innovación y de transferencia de conocimiento al tejido productivo y social que aproveche todas las potencialidades y sinergias que tiene la institución. La Universidad, además, puede ser importante motor de desarrollo urbano y territorial, y no sólo desde la perspectiva urbanística. En la medida en que contribuye a generar conocimiento y cultura, también contribuye a transformar la sociedad. La ULE debe implicarse activamente en los proyectos urbanos que con tanta fuerza se están desarrollando en nuestro entorno: León y Ponferrada. Esta vertebración debe hacerse a través de cada uno de los dos Campus universitarios, claros referentes en sus respectivos territorios.

A modo de colación, podría decirse que todos estos principios convergen en una idea central que podría sintetizarse con la expresión “INTRAGLOCAL” (innovación+transparencia+glocal), como definitoria de los valores que caracterizan nuestra propuesta, a saber:

12. Innovación

El tránsito desde una concepción estática, finalista y limitada del quehacer universitario a su consideración como actividad dinámica, diversa y con capacidades ilimitadas debe constituir un objetivo fundamental, y constituye el mejor indicador de una apuesta por la innovación. Este es el nuevo desafío.

Las formas clásicas de entender la vinculación universitaria deben ser revisadas. Porque además las nuevas tecnologías proporcionan más y mejores posibilidades y otorgan ventajas reconocibles en las amplias y diversas relaciones que la Universidad mantiene con su entorno.

Se trata en definitiva de promover un enfoque global, y no particular y focalizado, que promueva el compromiso de la Universidad con la organización económica, cultural y social de la que es parte integrante. El compromiso con la innovación no es un eslogan, es una forma de hacer universidad.

13. Transparencia cristalina, certidumbre y pluralidad

La transparencia significa que toda la Comunidad Universitaria conozca con claridad y antelación suficientes las claves de los asuntos transcendentes que se han de debatir y decidir entre todos. Por tanto, sólo a partir de la transparencia se puede esperar una participación real. De ahí que, en una institución como la ULE, regida por el principio de autonomía y dirigida por órganos elegidos democráticamente, la profundización en la democracia, evitando su degeneración en mero formulismo, es una premisa metodológica para plantearse en cualquier programa ambicioso, renovador e ilusionante.

Porque cuando una institución comienza a padecer anemia democrática, sus miembros se van desinteresando de los objetivos comunes, se refugian en el solipsismo de sus respectivos intereses individuales y, en un clima semejante, es imposible hacer algo más que mantener cansinamente las constantes vitales del cuerpo social.

Nos comprometemos a lograr que nuestra Universidad sea una auténtica casa de cristal, de modo que haya plena información sobre cualquier tipo de decisión adoptada. La transparencia será entonces el principio rector de la gestión y del gobierno, y cualquier miembro de la comunidad universitaria tendrá la posibilidad de conocer cualquiera de sus manifestaciones sin más restricciones que las legales que pudieran darse.

Nuestro compromiso se dirige además a garantizar que los criterios establecidos lo sean con suficiente antelación y permanencia. Nos comprometemos a que las decisiones, principalmente las referidas a la dotación de plazas o criterios de promoción, sean negociadas previamente, establecidas con la máxima publicidad y mantenidas sin cambios durante el periodo de mandato para proporcionar la máxima certidumbre y la mayor garantía de objetividad a la comunidad universitaria.

Además, creemos que la Universidad debe ser un espacio de reflexión y debate permanente, que la crítica es la práctica que nos enriquece y que hace progresar nuestro conocimiento. Por lo que fomentaremos sin descanso el pluralismo y el máximo respeto a la diversidad, a las diferencias de opinión y a la discrepancia.

14. Glocalismo

La ULE debe avanzar de una manera eficaz y sostenida en su apertura al entorno. Tanto desde la perspectiva de la calidad y la prestación de servicios, como desde el punto de vista de la competitividad y la innovación, la Universidad debe participar activamente en la sociedad.

La ULE debe también hablar con la sociedad. La visión que la Universidad tiene del conocimiento y el aprendizaje, de los requerimientos profesionales, de las líneas prioritarias de investigación, de las responsabilidades sociales y éticas, son algunos ejemplos de cuestiones acerca de las cuales la voz de la ULE debe tener eco social.

Una Universidad abierta a la sociedad requiere también una Sociedad implicada con la Universidad. Además, la participación activa de la Universidad en la Sociedad debe venir acompañada de una mayor autonomía institucional, de la evaluación efectiva de su actividad y de una mejor dotación de recursos económicos y humanos.

En definitiva, se trata de respetar la máxima ecológica: “piensa en global y actúa localmente”.
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ENRIQUE LÓPEZ • ELECCIONES RECTOR 2004 · tel 987 29 1742 · fax 987 29 1742
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